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Rayo Vallecano·1 de noviembre de 2026

Pepe Durán. De Vallecas a Tokio (y vuelta)

Por Rocío Negrete

Pepe Durán. De Vallecas a Tokio (y vuelta)

Hace unas semanas se hicieron virales las declaraciones del hijo de un histórico abonado del Rayo Vallecano que, en 1976, realizó el saque de honor en la inauguración del Estadio de Vallecas tras proclamarse campeón del mundo de boxeo. Pero ¿quién era aquel personaje y qué historia le unía al Rayo y a Vallecas?

“Mi padre ha sido socio del Rayo toda su vida. Mi padre cumplió ayer 81 años y desde hace 3 temporadas no viene al estadio porque se cayó dos veces por las escaleras en partidos nocturnos”.

El pasado 10 de octubre la mayor parte de los medios de comunicación deportivos se hicieron eco de las protestas desde el Estadio de Vallecas contra la gestión del estadio y del club llevadas a cabo durante los últimos 15 años. Tras el partido cancelado contra el Athletic de Bilbao, el programa Tiempo de Juego de la cadena radial COPE hizo un llamado para recibir notas de voz de la afición rayista testimoniando del lamentable estado del campo y de las instalaciones, del alza de los precios de los abonos y de otras reclamaciones. Uno de ellos fue Víctor Durán, hijo del mítico José Durán.

«Para que os hagáis una idea, mi padre Pepe Durán hizo el saque de honor en el Estadio de Vallecas en el año 76 porque coincidió con su campeonato del mundo de boxeo».

En efecto, un 18 de mayo de ese año, Pepe había ganado en Tokio el combate al japonés Koichi Wajima, proclamándose campeón mundial de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA) de los pesos superwelters (mediano ligero). El País incluía el día después un reportaje titulado «José Durán, campeón del mundo», en el que se apuntaba que, aunque «la pelea de Durán no fue brillante pero sí llena de mérito», con una derecha corta dejó KO a su rival en el decimocuarto asalto, poniendo fin a «la pelea más incómoda y difícil de su vida».

Este día, las cabeceras de los periódicos hablaban de los sucesos de Montejurra, de una huelga de la construcción en Canarias, de la recuperación incierta de las bolsas extranjeras y de la situación de desempleo de 9.000 trabajadores y trabajadoras españolas en Francia. En un país marcado por el proceso de transición política, la crisis económica y el desempleo, la violencia política y policial y el llamado «destape», la gesta de este madrileño de Peñagrande pero adoptivo en Vallecas hizo soñar a todo un barrio.

Tras casarse con su mujer, la vallecana Luisa Ramos, se instaló en 1970 en una vivienda de protección oficial en la calle Sierra de Javalambre. El denominado por el principal periódico deportivo, Marca, dos meses antes del combate como «el boxeador de moda», que ya contaba con 30 años, se encontraba, en efecto, en el primer plano de la actualidad pugilística. Una trayectoria marcada por su participación del equipo Olímpico Español en México 1968 y por haber ganado el título nacional del superwelter en Barcelona en 1972, donde coincidió con Muhammad Ali.

Sin embargo, en una entrevista tardía, Pepe afirmaba que fue a este combate de la final del campeonato:

«Un poco por casualidad. El aspirante oficial no quiso ir a Japón, yo figuraba bien en el ránking y nos avisaron».

A su regreso al aeropuerto de Barajas, fue recibido por algunos centenares de personas y fue escoltado por la policía hasta su domicilio en el barrio. Unas semanas más tarde, el 6 de junio, realizó el mencionado saque de honor frente al Valladolid inaugurando el nuevo Estadio de Vallecas, después de una remodelación de 3 años y un exilio a Vallehermoso.

Un partido que terminó en derrota 0-1 con gol de Manolo Álvarez en el 55’, pese al buen partido de Felines (gran amigo de Durán), lo que, en palabras de Alfredo Relaño:

«Empañó un poco la fiesta, pero no mató por completo la alegría del retorno. Fiesta el domingo en Vallecas. El Rayo, por fin, volvía a la barriada que le da apellido, y con un campo nuevo, cómodo, muy del agrado de la afición».

Un campo al que Pepe Durán ya no puede venir.

Durán «colgó los guantes» dos años más tarde, tras una derrota en Pescara frente al italiano Rocky Mattioli. Pero siguió ligado al mundo del deporte, visitando y asesorando en los gimnasios de boxeo vallecanos y desde la grada del Estadio de Vallecas animando al Rayo, equipo que le robó el corazón al poco de llegar al barrio.

Acompañado de su suegro Rafael Ramos Albar, quien había sido portero del equipo antes de la Guerra Civil, y miembro de la peña rayista El Cencerro, fue abonado (excepto la temporada de 1974) durante 50 años.

En 1980 fundó un gimnasio financiado por Federación de Boxeo en los bajos del estadio, donde entrenó durante dos años y empezaron a despuntar una nueva generación de púgiles como el ocho veces campeón de Europa y siete de España de peso ligero, el «potro de Vallecas», Poli Díaz.

Pepe Durán es un símbolo del deporte, el boxeo (quinto campeón del mundo español), del Rayo y de Vallecas.

El desgarrador testimonio de su hijo entronca no solamente con la actual atención mediática a las reclamaciones de la afición rayista a la dirección del equipo, sino con toda una tradición de protestas desde el barrio.

Como afirmaba con rotundidad el exboxeador en una magnífica entrevista con Juan Jiménez Mancha en 2020:

«Está desvinculado de la afición, antes era otra cosa. Martín Presa nos va a dejar en Tercera, por decirlo así. Nos va a hundir».

Fuentes:

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