Cuando los jugadores no cobraban, Vallekas salió a defenderlos. ¿Por qué ahora ellos no hacen lo mismo?
Por Peña Rayista Leipzig

En 2011, la afición del Rayo Vallecano salió a la calle, organizó manifestaciones y defendió a sus futbolistas frente a los impagos de los propietarios... sin embargo hoy se agarran a tibiezas y al silencio.
Hay algo que conviene recordar en estos momentos tan difíciles para el Rayo Vallecano, especialmente cuando escuchamos a algunos futbolistas pedir calma, entendimiento y acercamiento entre las partes. La afición del Rayo tiene una larga historia de movilizaciones en defensa de sus jugadores, incluso cuando los problemas no afectaban directamente a los aficionados, sino a los propios futbolistas. Hemos querido recuperar algunos de esos momentos, documentados en las hemerotecas, porque resulta importante recordar cómo respondió Vallekas cuando sus jugadores llevaban meses sin cobrar, cuando sus condiciones laborales eran insostenibles y cuando los propietarios del club incumplían sus compromisos económicos. La respuesta de la grada no fue mirar hacia otro lado ni pedir que todos se llevaran bien. Fue salir a la calle, señalar a los responsables y defender a quienes vestían la Franja.
2011: cuando la afición salió a defender a unos jugadores que no cobraban
En febrero de 2011, el Rayo Vallecano atravesaba una de las situaciones económicas más complicadas de su historia. La crisis de Nueva Rumasa había dejado al club al borde del abismo y los jugadores acumulaban varios meses sin cobrar. A pesar de todo, el equipo dirigido por José Ramón Sandoval seguía peleando por regresar a Primera División. El 27 de febrero, durante un partido contra el Huesca en El Alcoraz, unos 300 aficionados rayistas desplegaron una pancarta reclamando soluciones a los impagos, mientras los propios futbolistas saltaban al terreno de juego con otra que denunciaba su situación económica. Afición y jugadores estaban juntos, protestando contra los propietarios del club y defendiendo los mismos intereses. Los aficionados no acudieron a Huesca para reprochar a los futbolistas sus problemas deportivos ni para pedirles que se entendieran con Teresa Rivero. Acudieron para apoyarlos y exigir que se respetaran sus derechos.
Apenas unos días después, el 2 de marzo de 2011, durante el encuentro contra el Alcorcón, los seguidores organizaron una nueva protesta contra la familia Ruiz-Mateos. Un centenar de aficionados esperaron a los jugadores a las puertas del vestuario y aplaudieron a cada futbolista que llegaba al estadio. Dentro del campo hubo pañoladas, pancartas y cánticos contra Teresa Rivero, mientras los jugadores vestían camisetas preparadas por la afición con el lema «Equipo y afición, unidos por un sentimiento». Incluso los seguidores del Alcorcón mostraron su solidaridad con la plantilla rayista. Aquella noche quedó claro que la afición sabía perfectamente distinguir entre quienes estaban sufriendo los impagos y quienes tenían la responsabilidad de resolverlos. Nadie pidió neutralidad ni equidistancia. Se exigían soluciones a los propietarios y se respaldaba públicamente a los futbolistas.
Manifestaciones, cadenas humanas y dinero del bolsillo de los aficionados
La movilización continuó creciendo y el 12 de marzo de 2011 unas 2.000 personas salieron a manifestarse por las calles de Vallekas. La marcha recorrió la avenida de la Albufera hasta el estadio, denunciando la situación económica del club y reclamando responsabilidades a la familia Ruiz-Mateos. Al día siguiente, antes del partido contra el Granada, cientos de aficionados organizaron una cadena humana alrededor del estadio para abrazar simbólicamente al equipo y mostrar su apoyo a una plantilla que llevaba meses sin cobrar. Aquella jornada los jugadores saltaron al césped con camisetas negras que decían «Ruiz-Mateos, páganos ya», mientras la grada secundaba sus reivindicaciones con pañoladas y cánticos contra la propiedad. Los futbolistas señalaban directamente a quienes debían pagarles y la afición se ponía de su lado, sin medias tintas y sin buscar una falsa neutralidad entre trabajadores y propietarios.
Pero el apoyo de los aficionados fue mucho más allá de las manifestaciones y las pancartas. Las peñas organizaron una iniciativa solidaria denominada Fila 0, abrieron una cuenta bancaria para recibir aportaciones y vendieron miles de camisetas para recaudar fondos. Aquel dinero se destinaba prioritariamente a cubrir las necesidades urgentes de los empleados más vulnerables y otros gastos imprescindibles del club, no a pagar las fichas de los futbolistas profesionales. Era una manera de demostrar que la afición no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados mientras el Rayo se desmoronaba. Resulta especialmente significativo que, mientras los propietarios incumplían sus obligaciones económicas, fueran los propios aficionados quienes decidieran organizarse y aportar dinero de sus bolsillos para ayudar a mantener en pie la entidad.
Julio de 2011: la afición también se manifestó contra Martín Presa por los impagos a los jugadores
El ascenso a Primera División y la llegada de Raúl Martín Presa a la presidencia no acabaron con los problemas. El nuevo propietario había adquirido el club en mayo de 2011 y se había comprometido a resolver las deudas con los futbolistas antes del 30 de junio, pero llegó julio y parte de las cantidades pendientes seguían sin abonarse. La plantilla decidió aplazar el inicio de la pretemporada como medida de protesta y la afición volvió a salir a la calle, esta vez para reclamar a Martín Presa que cumpliera sus compromisos económicos con los jugadores. Durante aquellas jornadas se celebraron concentraciones en las inmediaciones del estadio en las que estuvieron presentes futbolistas de la primera plantilla como Movilla, Míchel, Dani y David Aganzo. La imagen de aquellos jugadores participando junto a los aficionados en las protestas quedó recogida en la prensa deportiva.
Las movilizaciones continuaron y, a mediados de julio, la Plataforma ADRV organizó una acampada junto al estadio para denunciar la gestión del nuevo propietario. Entre los motivos de la protesta figuraban expresamente los incumplimientos de los compromisos de pago a los jugadores, tanto en los plazos como en las cantidades prometidas, aunque también existían otras reivindicaciones relacionadas con la gestión del club. Es importante detenerse en este detalle: la afición del Rayo ya se estaba manifestando contra Raúl Martín Presa en 2011 para defender los intereses de sus futbolistas. No importaba que el nuevo presidente llevara apenas unos meses al frente de la entidad. Cuando consideraban que estaba incumpliendo sus obligaciones, los aficionados no dudaron en señalarlo públicamente y exigir soluciones.
Quince años después, la afición sigue protestando. ¿Y los jugadores?
Han pasado quince años desde aquellas movilizaciones y hoy nos encontramos ante otra crisis de enorme gravedad. Durante todo este tiempo, la afición ha denunciado el deterioro progresivo del estadio, las deficiencias de las instalaciones, los problemas de seguridad, el estado de la Ciudad Deportiva y una forma de gestionar la entidad que ha terminado enfrentando a buena parte del rayismo con su presidente. En 2026 hemos llegado incluso al extremo de perder temporalmente el uso de nuestro estadio y tener que disputar partidos fuera de Vallekas. Los aficionados llevaban años advirtiendo de muchos de estos problemas y la propia plantilla ha terminado denunciando algunas de las mismas deficiencias. Lo que está ocurriendo no es un conflicto que haya aparecido de repente por culpa de una manifestación o de una protesta en la grada. Es el resultado de años de problemas acumulados bajo la presidencia de Raúl Martín Presa.
Sería injusto afirmar que los jugadores nunca han dicho nada. En febrero de 2026, la primera plantilla y el cuerpo técnico emitieron un comunicado denunciando las condiciones indignas en las que tenían que trabajar, incluyendo el deterioro de los campos de entrenamiento, la falta de agua caliente y las deficiencias del césped. En julio volvieron a pronunciarse públicamente sobre la crisis del estadio y reconocieron que la situación se podría haber evitado, recordando que los aficionados llevaban años denunciando su deterioro. Aquellos comunicados fueron importantes y necesarios, pero ahora la gravedad del conflicto exige ir un paso más allá. No basta con reconocer que existen problemas ni con lamentar que se haya llegado hasta aquí. Hace falta explicar por qué se ha llegado, quién ha tenido durante todos estos años la responsabilidad de gestionar el club y a quién deben exigirse las soluciones.
No necesitamos mediadores. Necesitamos que se señalen las responsabilidades
Después de la suspensión del partido frente al Athletic Club del pasado 10 de octubre, Óscar Valentín publicó un mensaje reconociendo que la situación se había vuelto insostenible, que el malestar llevaba demasiado tiempo creciendo y que era necesario comprender a la afición. Hasta ahí, poco que objetar. Sin embargo, terminó reclamando una vía de acercamiento entre todas las partes. Y precisamente ahí es donde creemos que los jugadores están siendo demasiado tibios. Porque no estamos ante dos partes que simplemente hayan discutido y necesiten sentarse a hacer las paces. Estamos ante una afición que lleva quince años denunciando problemas y un propietario que lleva esos mismos quince años dirigiendo el club. No se puede poner al mismo nivel a quienes llevan años reclamando soluciones y a quien tiene la capacidad y la responsabilidad de adoptarlas.
Por supuesto que pueden existir responsabilidades institucionales y diferencias de criterio sobre cómo resolver determinados problemas. Pero eso no puede servir para diluir la responsabilidad de quien dirige el Rayo Vallecano. Raúl Martín Presa es el máximo responsable de la gestión del club, de sus decisiones y de las obligaciones que corresponden a la entidad. Los futbolistas conocen mejor que nadie muchas de las carencias que han venido denunciando, porque las sufren diariamente en sus instalaciones de trabajo. Por eso resulta difícil entender que, cuando se trata de valorar el enfrentamiento entre la propiedad y la afición, el discurso se vuelva tan prudente y se limite a pedir entendimiento entre todos. Si consideran que la gestión del presidente ha contribuido decisivamente a esta situación, deberían decirlo con la misma claridad con la que denunciaron el estado de los campos de entrenamiento o las duchas sin agua caliente.
Tampoco estamos pidiendo a los jugadores que justifiquen cada actuación de protesta, que defiendan la interrupción de un partido o que compartan todas las decisiones de los colectivos de aficionados. Cada cual puede tener su opinión sobre las formas de protestar y sobre sus consecuencias. Lo que pedimos es que no se confunda el origen del problema con la reacción de quienes llevan años sufriéndolo. Cuando los aficionados se movilizaron en 2011 por los impagos, nadie les pidió que entendieran las dificultades empresariales de la familia Ruiz-Mateos ni que buscaran puntos de encuentro con Teresa Rivero. La afición defendió los intereses de los futbolistas porque consideraba que era lo justo. Ahora esperamos de los jugadores que demuestren la misma claridad a la hora de defender los intereses de su afición.
La afición ya demostró de qué lado estaba. Ahora les toca a los jugadores.
Nadie está pidiendo a los futbolistas que se enfrenten personalmente a nadie, que dejen de competir ni que pongan en peligro sus carreras profesionales. Sabemos que son trabajadores del club y que mantener un enfrentamiento público con su presidente puede resultar incómodo. Pero también sabemos que tienen una capacidad de influencia y una repercusión mediática que la mayoría de los aficionados no tenemos. Sus declaraciones llegan a medios nacionales, a organismos deportivos y a miles de personas que quizá desconocen lo que llevamos años viviendo en Vallekas. Por eso les pedimos que utilicen esa voz para exigir responsabilidades a Raúl Martín Presa y denunciar públicamente las consecuencias de su gestión, en lugar de limitarse a reclamar diálogo y entendimiento. No necesitamos que hagan de intermediarios entre la afición y el presidente. Necesitamos que sean capaces de llamar a las cosas por su nombre.
La historia reciente del Rayo demuestra que esta afición ha sabido estar al lado de sus futbolistas cuando más lo necesitaban. Estuvo cuando no cobraban, cuando la incertidumbre económica amenazaba sus carreras y cuando tuvieron que enfrentarse públicamente a los propietarios del club. Salió a manifestarse, organizó protestas, aportó dinero y acompañó a los jugadores incluso en los momentos deportivos y económicos más difíciles. Lo hizo porque entendía que defender al Rayo también significaba defender a las personas que llevaban su escudo en el pecho. Y lo hizo sin exigir nada a cambio, más allá del compromiso y el respeto que merece cualquier afición.
Hoy es la afición la que necesita que los futbolistas den un paso adelante. No para que nos pidan paciencia, no para que ejerzan de mediadores y tampoco para que nos expliquen que todos debemos poner de nuestra parte. Lo que les pedimos es que demuestren la misma valentía que mostraron sus compañeros en 2011, cuando no tuvieron inconveniente en señalar públicamente a quienes estaban incumpliendo sus obligaciones.
Porque en 2011 la afición salió a la calle para defender a unos jugadores que no cobraban. En 2026, lo mínimo que podemos esperar de los jugadores es que no dejen sola a una afición que lleva quince años defendiendo su club.
Y porque el problema tiene nombre y apellidos: Raúl Martín Presa.
Fuentes:


